Los Maestros del Amor

Cuarto mensaje para la Nueva Tierra por Kuthumi.

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Sananda nos regala con el reconocimiento del amor que damos y por tanto, de lo que verdaderamente somos: maestros del amor.
Pilar Acevedo
Sananda
22 julio 2015

Mis amados hermanos, mi nombre es Sananda.

 

Tal vez algunos de ustedes habrán escuchado mi nombre antes, para algunos más, será extraño. Yo vengo a ustedes desde la orden de Arc. Soy uno de aquellos a los que ustedes llaman arcángeles y represento a la casa de Sananda.

Me atrevo a llamarles hermanos porque soy aquel que ha caminado entre los hombres, en cierto sentido, uno más de ustedes y sin duda alguna es de eso de lo que más feliz y “orgulloso” me siento, por ponerlo en palabras humanas.

Haber caminado la Tierra a su lado me mostró muchas cosas. Cosas grandiosas del hermoso mundo humano. Cómo aprenden, cómo enseñan, con qué pasión experimentan todo aquello que les rodea pero, por encima de todo: cómo aman.

Los humanos, los verdaderos maestros del amor. Eso son ustedes. 

Y diré aún más. Yo, por ejemplo, vengo de una “asociación” angélica, es decir de la unión de seres con un cierto propósito. Nos une un interés común; somos hermanos pero, y que mis palabras queden desde hoy como una alabanza, no existe en ningún otro lugar una hermandad como la hermandad humana.

Ustedes mis amados no sólo están juntos por un interés común, les une el misterio más bello del universo, les une el amor. 

El amor es la experiencia humana por excelencia. Es el deseo de miles y millones de seres que esperan su turno para finalmente encarnar en la Tierra y tener la experiencia del amor. Es de la experiencia del amor que se desprenden todas las otras experiencias humanas, es decir, todo lo que es humano está impregnado de amor.

Entiendo que les cuesta a ustedes mismos reconocer la verdad de mis palabras, dirán que buscan el amor del espíritu y que no pueden ver el amor en el centro de todas las acciones humanas, pero no es así en la realidad. Verán mis amados hermanos, justo para eso es que hoy me dirijo a ustedes, para devolverles algo de su propia sabiduría. Para poner frente a ustedes aquello que por estar tan cerca, han dejado de ver.

Todo lo que es humano es también espiritual y todo lo que es humano está impregnado de amor, aún cuando para experimentarlo, se han perdido a veces en una espiral de desamor.

La sabiduría de los hombres, el legado que la humanidad ha dejado para sí misma y para el resto del universo, proviene del amor y de su deseo por seguir comprendiendo y estudiando todas sus dimensiones y profundidades.

Por amor los seres humanos vienen a la Tierra y por amor permanecen en ella ayudándose y sosteniéndose los unos a los otros. En servicio y muchas veces en sacrificio. Pero quizá, y ese es mi mensaje de hoy para ustedes, lo que ha faltado en esta bella experiencia ha sido reconocimiento. 

Es curioso, justo ahora mismo que digo la palabra reconocimiento me regresa desde su consciencia una sensación de rechazo. Pero yo les digo que el ciclo del amor no se termina precisamente porque no lo reconocen. No reconocen lo mucho que aman y todo aquello que hacen por amor. Tienen una constante necesidad de negarse, de minimizar o simplemente pasar por alto lo que son y hacen en amor, porque consideran que si lo reconocen perdería su pureza, su preciosa cualidad de “incondicional”. 

No es así. Yo vine a estudiar el amor con ustedes. Viví entre los humanos y experimenté al amor y me llené de un amor que permanece encendido en mí y sé muy bien de lo que hablo. 

Dense permiso de reconocer al amor que son, porque verán, ustedes SON amor. Eso es lo que han conseguido una vida tras otra en la Tierra, convertirse en amor. Tomar esa cualidad como parte de su ser y no solo de su experiencia y ahora mis amados humanos, eso es lo que irradia de ustedes, eso es lo que los hace únicos.

El amor que SON no es reconocido por ustedes mismos, no permiten que el ciclo del amor termine. Aquello que hacen, que ofrecen todos los días, no lo reciben de vuelta. Y por supuesto no me refiero al amor que otros seres humanos les dan a ustedes. No reciben de vuelta el amor que ustedes mismos dan.

Trataré de ser más claro. El reconocimiento del que hablo, el amor que hoy les pido que reciban es el amor que ustedes SON. Que lo vean, lo admiren, lo aprecien y lo tomen de vuelta. Que se reconozcan de una vez por todas maestros; maestros del amor.

Respiren conmigo esta verdad maravillosa que han negado, que se han negado por tanto tiempo. Creen que son aprendices imperfectos cuando en realidad son los más excelsos maestros. Aquellos que aprenden enseñando y enseñan aprendiendo. Regresan una y otra vez, una encarnación tras otra, a las mismas experiencias y con cada nueva oportunidad develan una más de las capas del amor, una más de sus sutilezas, sus profundidades y su belleza. Aprenden pero también enseñan. Acompañan a otros en su camino y al final ni siquiera reciben un diploma (se ríe).

Pero es bueno que hoy reconozcan todo lo que son. Que finalmente sean todo lo que son, ¿cómo? Reconociéndolo. Es decir; SER, SIENDO. En acción y en contemplación de ustedes mismos. En la experiencia pero también en el delicioso saborear de aquello que viven. Como un maestro cocinero que saborea su propia creación y que en degustarla recibe todo el mérito que necesita; le gusta a él, lo disfruta y lo goza.

Como decía hace un momento, cerrando el círculo del amor. Reconociendo su propia maestría en el amor, disfrutando, gozando y saboreando el amor que dan para que regrese a ustedes en amor de su propio ser. 

Hoy vengo a decirles lo que quizá no han tomado en cuenta aunque se los hemos dicho muchas veces. Sólo por hoy no lo ignoren del todo y consideren esto: ¿cuántas de las cosas que viven, las están viviendo por otros, para otros, en servicio a otros? Tomen un momento para considerar eso, maestros del amor. ¿Cuánto de lo que hoy están viviendo lo hacen en servicio a otros, por amor?

¿Ya lo reconocieron? Frente a mí no veo más que maestros. Quienes están presentes hoy y quienes leerán mis palabras después y todos ustedes viven dando grandes servicios a todos los seres con los que se encuentran.

Sé que muchos de ustedes creen que ser un maestro tendría que ser algo así como salir a predicar que por cierto, ya no se usa. Inténtenlo a ver si lo logran, ahora ya no los meten a la cárcel, ni los crucifican, así que es menos riesgoso. 

Pero inténtenlo si quieren. Verán que la maestría hoy, más que nunca, no es un tema de predicación ni de popularidad, porque en el fondo no lo quieren y lo saben. Sería terriblemente delicado tener un reconocimiento popular. Implicaría una presión terrible porque todo mundo está esperando algo de esa persona: sabiduría, milagros, sanación, respuestas (todas las respuestas), claridad y una paz casi inhumana. No, ser un maestro así no es necesariamente algo deseable. Hay mucho más que pueden hacer en el anonimato de sus hermosas y  dulces vidas, que a veces consideran poca cosa. Espero que cuando yo me vaya dejen de pensar en sus vidas como poca cosa.

Pónganse a pensar un segundo, ¿cuántos corazones tocan todos los días?, un día cualquiera. ¿Lo pueden ver o no se dan cuenta? Y en el fondo no importa si creen que han sido débiles, duros o que no han hecho nada trascendente.  En el fondo uno a la vez, un corazón a la vez es como este planeta ha evolucionado y como cada uno de ustedes ha dado un servicio. 

Los servicios de amor son difíciles de ver porque tantas veces es tomando para ustedes las energías más difíciles de aquellos a su alrededor que dan estos servicios. Es transformando  cosas complicadísimas, con solo esta existencia cotidiana. Ni siquiera lo han pensado, pero es gracias a su presencia que la vida de otros se ha salvado. 

Tomen un segundo para considerar eso porque si vuelvo a oír que no es cierto, que son poca cosa, que hacen cosas intrascendentes, que su actuar cotidiano no es importante creo que sí me voy a empezar a molestar con ustedes. No eligieron vidas de popularidad, no hubiera tenido ningún sentido ni para ustedes, ni para otros. Las eligieron fuertes, profundas, intensas y muy personales, pero es en ese actuar cotidiano que están haciendo tanto y tanto más  por todos aquellos personajes que se cruzan en sus vidas.  

Ni siquiera se dan cuenta, tantos corazones y tanta confusión y ustedes están ahí para ellos; sus amigos, sus esposos y esposas, sus amantes, sus hijos, hermanos y conocidos. A las personas que encuentran cada día en la calle y en sus trabajos.

A través de sus vidas ustedes están dando lecciones de abundancia, de confianza, de amor. Cada una de las personas que cruza su vida se transforma o se ha trasformado, aún si ya no está presente, aun si vinieron y se fueron y siguieron sus propios caminos, todos han sido tocados por maestros. ¿Qué objeto tendría si todos los maestros fueran intocables, populares y rodeados de un halo de superioridad? ¿En dónde estaría la maestría en eso?

Si no pueden estar en la vida cotidiana, si no pueden disfrazarse de personas normales, si no pueden entender que es justo en este disfraz que está su grandeza, si no ¿cómo caminarían por el mundo? Imagínense si no estuvieran en estos disfraces fáciles de manejar y además muy prácticos. Pueden hacer todas las cosas que otros humanos considerarían inapropiadas para un maestro y no pasa nada. Se pueden enojar,  gritar y desesperar y no pasa nada porque nadie está esperando que tengan la respuesta.  Pero ¡sorpresa! Sí la tienen. Y así, toman bajo su manto protector a tantos seres y los cuidan en un sentido espiritual y los alimentan y los iluminan y ni siquiera se dan cuenta, en un pequeño saludo, en un detalle o sólo por estar presentes.

Así que les pido que consideren esto. Muchas de las cosas que están ahora en su vida como retos, son cosas que están haciendo por otros. Están tomando para ustedes los retos de otros seres en su familia y en sus amigos y de alguna manera están siendo como estas piedras filosofales de las que tanto hablan, catalizando y moviendo energía. No dije manipulando energía, sólo moviendo energía para ellos; sosteniéndolos para permitirles encontrar su propia sabiduría. Ayudándolos para cambiar de perspectiva, para reconocer lo que no ven. Como ahora mismo estoy haciendo yo.

Y algunos de ellos se resisten (se ríe) ¡Ah!, cómo se resisten y regresan a lo mismo. Y allí están ustedes con su amor y su perseverancia. Saben cuándo no hay nada que hacer y les permiten permanecer en su drama y saben cuándo una palabra puede cambiarlo todo. 

¿Ahora sí empiezan a reconocerse? ¿Un poquito? Yo quisiera que a partir de ahora cambien la forma en cómo se ven. No puedo venir a decírselos todo el tiempo pero tienen que hacer un esfuerzo por mirarse a ustedes con nuevos ojos, con ojos diferentes, con los mismos ojos que ven y admiran a otros.

Esta vez su tarea será que se miren a ustedes mismos con esos ojos de amor. Que por primera vez se reconozcan y vean que toda su actuación es mucho más intencional de lo que ustedes hubieran creído, de lo que se han dado crédito. Que cada una de sus palabras o de sus acciones han sido un soporte para otros.

Espero que me crean cuando les digo que no están en esta vida para aprender, dejen de aprender cosas, están aquí para enseñar y han enseñado muchísimo. Si pueden integrar esta noción de ustedes, si pueden reconocerse como maestros, por fin, si pueden darse crédito por lo que son y por lo que hacen, este es un nuevo ciclo que apoya su maestría y tiene que empezar con ese reconocimiento.

Mientras estén en la Tierra estarán rodeados de retos, de confusión; no de SU confusión, pero sí de la confusión que hay a su alrededor. Tienen que darse un voto de confianza y reconocer lo que ustedes hacen, lo que se está transformando gracias a ustedes aunque a simple vista no lo parezca. 

Así que hoy dejen de estar aprendiendo y empiecen a enseñar. Sean hoy todo lo que son.

Ha sido un honor.

Yo soy Sananda.